Fiscal Cliff , no hemos solucionado nada.

El el post del pasado 26 de Octubre expliqué un poco por qué el 1 de Enero de 2013 los Estados Unidos se enfrentaban a un monumental precipicio fiscal, una combinación de aumentos de impuestos y recortes de gasto público que, si el congreso no lo evitaba, entrarían en vigor el día 1 de Enero de 2013. Combinados, esos aumentos de impuestos y esos recortes de gasto representaban un reducción del déficit fiscal del 5% del PIB durante el 2013. Esa drástica reducción del déficit fiscal comportaría una contracción de la demanda interna norteamericana y, por lo tanto, podía poner a los Estados Unidos en la senda de la recaída dado el precario estado de salud del que goza la economía norteamericana en estos momentos. Y eso, podía arrastrar a toda la economía mundial.

La razón por la que esos recortes automáticos debían entrar en vigor el dia 1 de Enero es que la CONSTITUCIÓN de los Estados Unidos prohíbe que el gobierno Federal gaste dinero sin la autorización previa del congreso. Desde 1917, lo que hace el congreso es aprobar un “techo de deuda”, es decir, determina una cantidad máxima de deuda que el gobierno puede sobrepasar. Ese techo solo puede ser cambiado por el congreso. En 2011, administración Obama alcanzó el techo del momento (que era de 14,294 billones de dólares) y se vio obligado a pedir un aumento a un congreso dominado por los republicanos del “Tea Party”. Éstos autorizaron el aumento del techo a cambio de una ley de control de presupuestos de 2011 (“Budget Control Act of 2011”) que introducía toda una serie de recortes automáticos de gasto y toda una serie de aumentos de impuestos que entrarían en vigor a partir del 1 de Enero de 2013. Ese era el precipicio fiscal. Por la parte de los impuestos, desaparecían los recortes del IRPF de George Bush (lo que equivalía a aumentar el impuesto sobre la renta sobre casi todos los ciudadanos) a la vez que subían el impuesto del patrimonio y del impuesto de sociedades el 1 de Enero. Por el lado del gasto, también el 1 de enero entrarán en vigor unos recortes (“sequestration” en inglés): la mitad de los recorte en el sector militar y el resto en los programas sociales, seguridad social y Medicare (sanidad pública para ancianos).

A la vista de esos aumentos de impuestos y recortes automáticos, parece que el congreso norteamericano ha votado, a última hora e in extremis, un acuerdo que, según la propaganda política “evita la caída en el abismo”. Según parece, el acuerdo elimina el aumento del IRPF para todos los ciudadanos y lo limita a los que tienen rentas superiores a los 400.000 dólares cuyos tipos pasarán del 35% al 39,6% (¡que envidia deben tener los que pagan 56% en algunas partes de España!). El impuesto sobre el patrimonio sube del 15% al 20% y se eliminan los recortes de las cotizaciones que había impuesto Obama al comenzar la crisis (eso implicará un aumento de cerca de 1000 dólares anuales para todos los trabajadores). A cambio, los recortes de gasto que debían entrar en vigor el día 1 se posponen 2 meses.

¿Qué consigue este acuerdo? Pues la verdad, que todo el mundo se calme durante unas horas y que las bolsas celebren con euforia la entrada de un nuevo año. Poco más. Es cierto que los aumentos de impuestos son menores de lo que decía la ley de 2011 por lo que la reducción de la demanda agregada y el impacto sobre el PIB será menor. Y también es cierto que al posponer la reducción del gasto, el dia 1 de Enero no caerá en picado la demanda proveniente del estado. El problema es que al no recortar el gasto y al no subir tanto los impuestos, no se arregla el problema de fondo que no es otro que el monstruoso déficit público. Al no recortar el gasto o subir solo un poco los impuestos, la deuda pública segujirá aumentando a ritmo galopante y en pocos meses (concretamente, en dos meses) el gobierno de Obama deberá pedir al congreso republicano que aumente de nuevo el techo de la deuda. En Febrero, pues, viviremos otra serial de negociaciones barriobajeras entre unos republicanos humillados porque se han visto obligados a subir los impuestos a los ricos (cosa que todo el mundo interpreta como una victoria de Obama) y unos demócratas envalentonados que se niegan a reducir el gasto no militar. Volveremos a vivir la amenaza de un gobierno que debe cerrar sus puertas porque el congreso no aprueba un nuevo techo de la deuda. Volveremos a tener el miedo a caer por un precipicio fiscal.

Resumiendo, el acuerdo al que han llegado el presidente Obama y el congreso republicano salva los muebles por el momento pero a base de posponer el problema durante dos meses. Es verdad que los recortes no tienen lugar ahora, cuando la economía está particularmente débil, pero los postpone dos meses y no parece que durante ese corto periodo las cosas puedan a mejorar demasiado. Demócratas y Republicanos han perdido la oportunidad de hacer reformas de calado que pongan orden en una estructura política y fiscal que no funciona. Han preferido esconder la cabeza bajo el ala y chutar la lata unos pocos metros. El fracaso de este acuerdo quiere decir que los Estados Unidos están lejos de solucionar su problema fiscal y la euforia de hoy se convertirá, en cuestión de horas o días, en preocupación por el nuevo precipicio fiscal que ya se entrevé en el horizonte.




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